jueves, 17 de enero de 2008

No lo tolero

Camino al trabajo me he cruzado esta tarde con un joven, no tendría 18 años. Su cara era redonda, más bien menudo, su tez más morena, caminaba deprisa y dibujaba una sonrisa en su rostro. Era más bien bajito. Sin encontronazo, al llegar uno a la altura del otro nos hemos esquivado mirándonos a los ojos; no descubrí en ellos el síndrome de Ulises (*) , sino ilusión y esperanza.
Acercándose la noche, en terapia: en el bar sobre la playa y junto al mar, rodeado de otros buenos pacientes, el Athletic peleaba por seguir tomando copas. Entre nosotros, un hombre adulto, oscuro, fuerte, que como en otras muchas sesiones llegaba cargado de collares, pulseras, mecheros... ya se sabe. En su cara la sonrisa blanca, enorme, más aún al finalizar el encuentro. Un aficionado más, protestón, entusiasta, ilusionado que esconde una historia real, que intenta olvidar labrando un futuro para él y los suyos.
Llegando a casa recordé al primero. Y después otras muchas caras, otras muchas vidas. Personas todas que viven en el constante sacrificio de la lejanía y el esfuerzo constante. Personas que construyen y que enseñan, también.
Sigo sin comprender el racismo.
No lo tolero.

(*) http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Ulises: El Síndrome de Ulises, también conocido como síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple, es un síndrome de naturaleza psicológica que se caracteriza por un estrés crónico que viene asociado a la problemática de los emigrantes al afincarse en una nueva residencia. El nombre viene variado del héroe mítico Ulises el cual, perdido durante muchísimos años (diez según Homero) en su camino de vuelta a Ítaca, añoraba su tierra de origen pero se veía imposibilitado de volver a ella.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Sé que no te servirá de consuelo... yo tampoco lo tolero.

Gracchus Babeuf dijo...

En una entrada antigua mía sobre la España antigua, un lector que dice tener 16 años atribuye el camelleo de ddroga a los emigrantes. Yo llegué a Madrid en el año 81, cuando no había inmigrantes, y lo que más había era camelleo de heroina. ¡Por todas las esquinas!

Responsabilizar a la emigración es sencillamente falso. Pero, repitiendo la mentira, mucha gente se la cree.

Me alegro de haberte descubierto, un saludo.

Isabel Burriel dijo...

Yo tampoco lo tolero y no puedo entender esa cerrazón. Y muchas veces por más que intento descubrir qué hay en los sentimientos racistas del que odia a los negros, no encuentro más que incultura y maldad.

Adnamarrr dijo...

Me uno al clamor general, tampoco lo tolero.

Nacho M. dijo...

Qué lindo cuando, por más que no separen más de 10.000 Km de distancia, nos une una misma idea: No al racismo.

Aún me cuesta entender como vivimos diferenciando entre iguales.

El ser humano se ha convertido -hace mucho- en la raza más egoísta de todas.

Pero, de todos modos, creo que mientras quede gente que piense como vos, no todo está perdido. ¿No?

Un abrazo desde Buenos Aires!


Nacho!

Mentalizada dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con vosotros, yo tampoco puedo con esas cosas. La intolerancia y el racismos me revuelven las tripas.
Un saludo!

desahogandome dijo...

Saludos a todos, gracias por los comentarios.

"El ser humano se ha convertido -hace mucho- en la raza más egoísta de todas", qué gran frase nacho!