viernes, 18 de enero de 2008

Incivilizados

No había dicho ni mu, a raíz del encuentro celebrado en Madrid estos días pasados en el marco de la Alianza de Civilizaciones. Y ya es hora. No porque sea precisamente este el momento adecuado, que siempre debiera serlo, sino por lo leído y oído al respecto, hasta hoy mismo.

Existen quienes critican la propia denominación de la Alianza de Civilizaciones, así parece que el problema es el nombre, ridiculizan ambos vocablos y de ahí no pasan. No perderé un minuto en reflexionar sobre ello pues tal actitud no merece siquiera respuesta. Es la negación por la negación. Básicamente son gentes descontentas no con Zapatero sino porque Zapatero es el presidente del gobierno, y no otro.

Existen otros, aún críticos, pero con más miras. Más mundo, parece. Son quienes afirman que a través de dicha Alianza los gobiernos democráticos y occidentales validan y justifican prácticas como, por ejemplo, la ablación. No son capaces de mirar en viceversa (¡cuánto uso esta empática metáfora últimamente!) y darse cuenta que ellos, los otros, también han de pasar por el trago de buscar puntos de encuentro, en base al respeto a los derechos humanos, con aquellos que, por ejemplo, les bombardean o han bombardeado y con ello asesinado cientos o miles de civiles, sus patriotas, su pueblo. Así ven en La Alianza de Civilizaciones una especie de última oportunidad que algunos políticos mundanos otorgan a terceros países. Esté la ONU de por medio o no. No son capaces de pensar que todos somos iguales, que el mundo es de todos, y que los sonrojos debían de ser nuestros.

Tampoco son capaces de entender que sólo a través del diálogo se puede llegar a acuerdos y se puede enseñar: educar. ¿Acaso no han existido prácticas socialmente aceptadas que atentan contra los derechos más básicos de las personas en occidente? Muchos de los que critican debieran examinar firmemente sus conciencias y ver si apoyan la pena de muerte o la incomunicación de los detenidos, por ejemplo.

Entre estos destacan quienes, sin ser nadie, se pasan la vida mirando por encima del hombro de aquellos que han tenido a bien, normalmente a mal, nacer en países con civilizaciones muy distintas a la europea u occidental. Son todos aquellos que creen que somos el ombligo del mundo y que por ello hemos decidir como ha de organizarse el resto, qué sistemas políticos deben tener, de quienes deben ser sus elementos de producción, quienes deben gobernarles, etc., etc., etc…

Los que hacen burlas y mofas cuando algunas personas de ciertos gobiernos y estados así como muchos intelectuales y humanistas de otras tantas nacionalidades, promulgan el diálogo como la base del entendimiento futuro entre iguales (todos seres humanos), son los mismos que aceptan las guerras y las disculpan; son aquellos que siempre tienen un argumento político contrario que sienten como la verdad absoluta, como palabra de dios. Son aquellos que critican que el gobierno reciba delegaciones de China o Turquía y que aplauden cuando el Borbón, pobrecito él, pasa la nochevieja rodeado de jeques y de lujo.

Al hilo con lo anterior y para finalizar una última reflexión, más allá de la Alianza y dirigida a todos aquellos que con argumentos variados -algunos válidos, critican el trato oficial que se dispensa a los representantes de distintas dictaduras o de países donde existe una visible vulneración de los derechos humanos: me gustaría recordarles aquello de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, o lo que es lo mismo les preguntaría ¿está usted seguro de que en su país se respetan los derechos humanos? Miremos primero nuestro ombligo. Dejemos a la clase política realizar su trabajo, deseemos que ejerzan la crítica correspondiente cuando toque y comprobemos que así se hace, apoyemos cualquier muestra de diálogo, cualquier esfuerzo de entendimiento y si no luego, al llegar a casa, tiremos todo lo “made in China” por la ventana. Para ser consecuentes, digo.

3 comentarios:

Desesperada dijo...

cuánta razón tienes, txantxan, yo tiendo a hacer eso... aunque intento ser consecuente, es cierto. pero a veces tendemos a olvidar que en nuestro país pasan muchas cosas vergonzosas.

Sebas dijo...

Lamentablemente hay mucha gente que creen que somos el ombligo del mundo.

El racismo, las burlas y mofas me dan tremendo asco.

Buen post.

Saludos.

Iria dijo...

Hola!
Tocas varios temas que yo resumiría en dos: falta de tolerancia y consecuencia.
Estoy totalmente de acuerdo contigo, sin duda alguna la salida es el dialogo, sin olvidar la coherencia.
También es muy importante saber que entendemos por tolerancia…Para mi es la fuerza, la coherencia, la seguridad, de mis propias elecciones como para convivir sin escándalo con lo diverso. En el otro extremo están los fanáticos que no son los más convencidos (ni mucho menos) sino los que pretenden acallar sus propias dudas maniatando a los demás. Lars Gustafs (escritor sueco) delimitó muy bien en una frase uno de los pilares básicos de la tolerancia “La tolerancia de la intolerancia produce intolerancia. La intolerancia de la intolerancia produce tolerancia”.
Respecto a ser consecuentes, de momento es casi una utopía al menos al cien por cien y es que somos humanos por lo tanto defectuosos…Tendemos demasiado a ver la paja en el ojo ajeno y no encontrar la viga en el propio…

Un placer leerte. Salud!