martes, 2 de septiembre de 2008

sobre el imperio de la ley

German Yanke, editor de EstrellaDigital, con su título de ayer “Nacionalismos e imperio de la ley”, nos ilustra sobre las ridículas pataletas nacionalistas vasco-catalanas y reparte contra el PSC e Ibarretxe, por supuesto. Como corolario La Ley, mientras entona el “no pasareis” y refiere a ciertos totalitarismos pasados; paradójico.

Estoy tan inspirado por sus cavilaciones que no puedo sino objetar, provocado y en mayúsculas: La Ley es una mierda, por mortal y cambiante. Y me da igual qué ley sea la que él refiera, que entiendo que es siempre la máxima, la que de ser ideal debiera contar con la aprobación mayoritaria del sujeto político que la sufre (lo que no siempre sucede ni en democracia). Me ha gustado sobremanera el argumento democrático del “ante la ley no hay queja ni pataleta”.

Sobre el acatamiento de las leyes, por el que tanto suspira el editor, mucho podría decirse, aunque intuyo que lo que a German le gustaría es que la acataran vascos y catalanes, convencido como está de que no lo hacen, y punto. Mientras, cabe objetar de una asignatura como educación para la ciudadanía colocándose por encina de, también, la ley. Seguro que el lector conoce de ejemplos similares según la norma la crearan unos y haya de aplicarse donde gobiernan los otros. El argumento pues de que los nacionalismos, siempre periféricos, tienen que acatar la ley se prostituye cuando proviene de unos entes políticos que no son capaces de predicar con el ejemplo: ahí está lo que queda del Estatuto de Gernika, ridiculizado e ignorado como jamás pensé que se haría con ninguna ley española, si exceptuamos la ley antitabaco.

Resulta más falaz el argumento si uno se toma la molestia de buscar, ante tanta evidencia, un momento o lugar en que La Ley española haya sido prostituida en el País Vasco. ¿Cuántas sentencias ha recibido el Gobierno Vasco por incumplimientos de la santa y sacra Constitución? Hasta hoy ninguna. Aclaro por si alguno no se había dado cuenta, no siendo de extrañar que ante tanto amarillismo parte de la ciudadanía tome falacias como verdades. Así llevamos, ni se sabe los años, escuchando que en Euskadi no se cumple la ley. Y los tanques aún sin salir de los cuarteles.

No voy a negar la evidencia de ciertas normas recurridas por unos u otros gobiernos autonómicos en los que los tribunales, hasta europeos, han ido dando la razón indistintamente a unos un otros, como tampoco negaré la evidencia, me guste o no, de la labor del Tribunal Constitucional en cuanto a garante del discurrir autonómico. Pero es que llegar hasta el Tribunal Constitucional es legal. Y democrático. En el caso de la tan denostada ley de consulta vasca, se mire por donde se mire, aún no se ha cometido delito. Si se prohíbe y se celebra cabría hablar entonces de un primer supuesto, mientras para algunos es el “enésimo ejemplo” de la actitud ilegítima de Ibarretxe. En fin.

Recordar la presunción de inocencia, tampoco está de más, hasta para una ley.

Esta distinta vara de medir, según se critique una legítima ansia más o menos españolita, es más evidente si recuperamos el tan recurrido argumento de la alternancia, tan necesaria en Euskadi y Catalunya para librar a los ciudadanos españoles, y catalanes y vascos, del legislar con alma nacionalista de dichos Gobiernos Autonómicos. No debiera ser necesario recordar que esos gobiernos son tan legítimos como el que legisla desde Los Jerónimos, pero hay que hacerlo por desgracia ante la deriva que toman los gestores de este periodismo ideológico, parece que constructor de la verdad democrática. Recuerdo, por ejemplo, que en el Gobierno Vasco ha habido consejeros del PNV, sí, pero de EA, de IU y del PSOE también, amén de EE (absorbidos por el PSE en su día), como que jamás un único partido ha gobernado el País Vasco en solitario. En Castilla La Mancha, o Extremadura, por ejemplo, desde casi los tiempos del Caudillo, sólo ha habido consejeros socialistas. Extraña que a D. Rodríguez Ibarra, defensor a ultranza de aquellos delincuentes del Gal que el Tribunal Supremo enchironó previos generosos y malolientes indultos gubernamentales sellados por un Borbón, nadie le recordara con la misma insistencia lo ideal de la alternancia política en los gobiernos. O a Bono. O en Murcia, o en Castilla León. O en Andalucía. Y es que la democracia no implica por propia definición alternancia, si acaso ésta puede ser una consecuencia si así lo estiman los ciudadanos votantes, aburridos del legislador de turno. Sin alternancia pues, también hay democracia.

Visto que mis palabras, quisieran ser debidamente argumentadas, viajan viento en popa toda vela, no puedo sino entrecomillar un extraído directo del texto al que refiero: “Lo que ocurre es que ese argumento es la ley, y el imperio de la ley es, en definitiva, lo que sostiene la seguridad jurídica y el Estado de Derecho que da carta de naturaleza a nuestros derechos y libertades” Y tiene razón: la ley sirve para eso. Pero se equivoca gravemente, sino engaña, presentando a ciertos vascos y catalanes como enemigos de la ley, cual trogloditas. Creía que un editor de tanto renombre sabría distinguir entre un anarquista independentista y un demócrata; señor Yanke, los nacionalistas vascos y catalanes no reniegan del imperio de la ley, simplemente abogan por cambiarla. No buscan Estados independientes cual repúblicas bananeras, sino nuevas estrellas legales en la bandera de la UE. Cualquier otra sugerencia es falaz. Guste o no. Devenir político que recuerda la lucha de un pequeño David sin onda, contra un Goliat tramposo y poderoso, por cierto.

Es triste escuchar argumentos tan insípidos en boca de quienes se creen no sólo demócratas, sino garantes de la democracia desde su cuarto poder, sin entender si quiera que en su esencia ésta permite despreciar la ley, si se acata, criticarla e incluso intentar cambiarla. ¡Es que es legal hasta prometer acatarla por propio imperativo legal!... como han hecho ya casi un centenar de diputados en los últimos 30 años. El Señor Ibarretxe, hasta ahora y que se sepa, no ha cometido ningún delito, ni ha declarado la Independencia unilateral del todo o parte del territorio vasco. Lo que intenta hacer, en cambio y en democracia, es luchar por su estrella con lo poco que le queda: la palabra y el parlamento vasco. Con la sociedad, está visto, no le quieren dejar… ¿en democracia?. Ese es su delito.

Este amarillismo ideológico y editorial con el tema de ciertos nacionalismos, que permite mentir hasta la saciedad y negar la evidencia las veces que fuera necesario, ha conseguido que para muchos ciudadanos Ibarretxe sea visto antes como un delincuente separatista y enemigo que como un mal político, si quiera. Que puede serlo. Mientras tanto los jueces aún no han dicho ni mu.

Para relajar el final, y porque se lo merece tan insigne editor, he aquí un claro ejemplo, publicado el mismo día, del periodismo que se estila por sus lides digitales:

“-No sé si votar a la derecha, que se equivoca entregando los restos de las víctimas del Yakolev a quienes no son sus familiares, o a la izquierda, que se confunde y entrega las cenizas de los muertos del Spanair a familias distintas de los fallecidos.”

Es el texto con el que “ilustra” martinmorales su última viñeta (¿humorística?) y que titula “Todos nos confunden” comparando el engaño, la estafa y la ruindad para con las familias del Yakolev, con un descuido entre dos ataúdes de un funcionario funerario. Eso es amarillismo político, también, amén de humanamente intolerable con la tragedia aún tan cercana. O es eso, o la obra de un gilipollas. Ya se sabe como las gastan hoy en día los departamentos de personal de ciertos medios.

4 comentarios:

Ricardo Colomer dijo...

Se podría decir más alto, pero es imposible expresarlo más claro. Por cierto, en ciertos médios de comunicación creo que han quitado los filtros de selección de los departamantos de personal ¿no crees Txan?

Un abrazo

canuit dijo...

Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda."
Lo dijo Saramago y me gusta.
Si yo fuera Lendakari por mis cojones los vascos decidirian.
Pero ya sabes ni dios ni patria ni bandera.
El Canuit

José Enrique Carrero-Blanco Martínez-Hombre dijo...

Parecería descortés si no dejase en tu blog algún comentario cuando tú me has dejado dos, con lo que, por otra parte, te vuelvo a dar las gracias.

Como jurista, y en consonancia lo que he manifestado en mi blog, me repatean, en general, los periodistas, en concreto los opinadores, que hablan sin tener ni idea de nada, o muy poco, por ser generoso, de mucho, y lo hacen emitiendo doctrina, como si sus opiniones fuesen emitidas por un catedrático, en el que unos arquean las cejas con una superioridad manifiesta y desprecio, véase el caso de Sopena, y otros se quedan en el insulto, como Losantos.

También estoy harto de que en España existan nacionalismos, sean el vasco, catalán o el castellano (llamado incorrectamente español), porque lo único que sirven es para crear problemas donde no los hay. Los dos primeros desean fervorosamente que crezca y aumenten los terceros, por eso se dedican a provocar al resto del país, con el fin de hacerse las víctimas para que, utilizando el control de los medios de comunicación, vuelvan a estar en el poder. Y los otros se dedican a fomentar sabotajes y a descalificar a los nacionalistas periféricos con medias verdadeso o con mentiras. Y si no conseguimos pararles los pies, nos van a amargar la existencia.

Anónimo dijo...

Tanto razismo y nazi (onalismo) da puto asco. Vosotros los razistas, si pudierais, nos gaseariais como Hitler hizo con los judios. En Euzkadi te matan por no ser nazionalista. Iros a la puta mierda, razistas

Baxil Oronz