Tristes por el asesinato vil que nos ha desgarrado el alma, a todos.
Tristes por la familia destrozada.
Tristes por una sociedad que cada vez menos perdona, pero aún.
Tristes por la vergüenza de que utilicen mi nombre quienes no son mis hermanos ni saben escucharme.
Tristes por los huérfanos de hoy.
Tristes por la sangre inocente.
Tristes por el olvido que llegará pronto, a todos.
Tristes por los imbéciles que seguirán los pasos de la sinrazón y sinsentido, sin cerebro.
Tristes por tener que gritar: “¡Qué hijos de puta sois!”.
Tristes por la familia destrozada.
Tristes por una sociedad que cada vez menos perdona, pero aún.
Tristes por la vergüenza de que utilicen mi nombre quienes no son mis hermanos ni saben escucharme.
Tristes por los huérfanos de hoy.
Tristes por la sangre inocente.
Tristes por el olvido que llegará pronto, a todos.
Tristes por los imbéciles que seguirán los pasos de la sinrazón y sinsentido, sin cerebro.
Tristes por tener que gritar: “¡Qué hijos de puta sois!”.
Tristes por las lágrimas de hoy por una vida.
Tristes por los que seguirán buscando réditos a costa de la sangre ajena derramada.
Tristes por las oportunidades perdidas.
Tristes por los que hoy otorgan callando y que sólo alzan el puño cuando caminan en manada.
Tristes por la ignorancia que nos inunda, a todos.
Tristes por los políticos que no lo son y por los periodistas que ni lo parecen.
Tristes por los que seguirán buscando réditos a costa de la sangre ajena derramada.
Tristes por las oportunidades perdidas.
Tristes por los que hoy otorgan callando y que sólo alzan el puño cuando caminan en manada.
Tristes por la ignorancia que nos inunda, a todos.
Tristes por los políticos que no lo son y por los periodistas que ni lo parecen.
Tristes por los que no quieren ver ni saber nada, todos.
Tristes por la violencia que en su expresión máxima, nunca compensa.
Tristes por una viuda, más.
Tristes por esta tierra mía en la que habitan los mayores ciegos de ignorancia.
Tristes por las veces que me digo “no entiendo nada”.
Sin Isaías, el de hoy ha sido un día triste sí, pero para no olvidar.
Tristes por la violencia que en su expresión máxima, nunca compensa.
Tristes por una viuda, más.
Tristes por esta tierra mía en la que habitan los mayores ciegos de ignorancia.
Tristes por las veces que me digo “no entiendo nada”.
Sin Isaías, el de hoy ha sido un día triste sí, pero para no olvidar.

