Cuando la tengo entre manos gusto de disfrutarla, poder recrear la vista, al relax de maritxu, tirado en el sofá. Casi oler sus olores. Y me encanta, porque siempre-siempre me mantiene la sonrisa dibujada en el rostro e incluso me provoca con sus mejores gracias alguna risotada. Y aunque pueda parecer un ideal de mujer se llama El Jueves.
Inspiradora constante en asuntos concernientes a la real familia o políticos, y víctima de la represión propia de un Estado de Derecho. Ahí está el secuestro legal que sufrió hace algo más de un año por una portada que encandiló a media España, y parte del extranjero.
Seguro como estoy de que los culpables de semejante tropelía descienden, línea genética pura, de aquellos primeros trogloditas que hacían arte en las paredes de sus cavernas, no cabe otra explicación a poseer tan en forma el gen del ingenio, propongo sean nominados para el próximo Cervantes atendiendo también, y cómo no, a la cantidad de usos y manejos que hacen del castellano los protagonistas de sus historietas, la calidad de sus expresiones y la buena grafía que acostumbran, lección básica de caligrafía (¿cuántos de los nominados podrían presumir de una obra hecha a mano y con mejor letra?).
Puestos a inventar y aunque mis ídolos de hoy no puedan presumir de hacerlo tan bien como los políticos, o a soñar, término que los anteriores desconocen, se hace justicia y les es otorgado tan insigne gallardón. Perdón, galardón. El día del mes del año de turno, en el lugar correspondiente, Manel (un ideólogo) y Guillermo (un brazo ejecutor), debidamente trajeados con bañadores pirata rojos y gualdas, reciben de manos de quien corresponda la tira enrolladita que se otorga en tan insigne momento. El respetable interrumpe con un aplauso atronador. Los premiados ante tanto halago deciden darse la vuelta, quitarse el sombrero, bajarse los bañadores y mostrar sus calvas al respetable, que responde con vítores y demás pedorretas.
Al día siguiente, miércoles, la portada de El Jueves se inspira en el momento que se vivió a continuación (recuerde que estamos soñando): el juancar, el felipe y sus mujeres, demás prole real y jetas adjuntos (por abreviar), una tira enrolladita, Manel y Guillermo, sus calvos y el respetable aclamando “¡Queremos ver, un calvo Real. Queremos ver, un calvo Real!”.
¿Genial?
Lástima que al despertar continúe la pesadilla: de un país monárquico por imperativo de una manada de políticos de izquierdas que para asegurarse la poltrona besaron la mano real, renunciando a uno de sus principios básicos, La República, amén de a la auténtica democracia; de un estado entre cuyos tres poderes los poderosos han tejido tal cantidad de puentes que si cada uno fuera una isla no podría verse una gota de océano entre ellas desde el espacio. Gotas de océano sinónimo de libertad social ahí abajo y sin luz, mientras asidas al hormigón de esos puentes se instalan enormes hélices marinas para encauzar debidamente la corriente oceánica, desnaturalizando el fondo y creando nuevas islas subterráneas contra viento y mareas. Como el islote subterráneo y antinatura que significa hoy la monarquía.
Luchando entre el hedor de esas corrientes conocí El Jueves.
No me queda sino pedir tres hurras por quienes tienen la culpa satírica de sus contenidos, inspirados sin duda en una vida… tan Real!.
Inspiradora constante en asuntos concernientes a la real familia o políticos, y víctima de la represión propia de un Estado de Derecho. Ahí está el secuestro legal que sufrió hace algo más de un año por una portada que encandiló a media España, y parte del extranjero.
Seguro como estoy de que los culpables de semejante tropelía descienden, línea genética pura, de aquellos primeros trogloditas que hacían arte en las paredes de sus cavernas, no cabe otra explicación a poseer tan en forma el gen del ingenio, propongo sean nominados para el próximo Cervantes atendiendo también, y cómo no, a la cantidad de usos y manejos que hacen del castellano los protagonistas de sus historietas, la calidad de sus expresiones y la buena grafía que acostumbran, lección básica de caligrafía (¿cuántos de los nominados podrían presumir de una obra hecha a mano y con mejor letra?).
Puestos a inventar y aunque mis ídolos de hoy no puedan presumir de hacerlo tan bien como los políticos, o a soñar, término que los anteriores desconocen, se hace justicia y les es otorgado tan insigne gallardón. Perdón, galardón. El día del mes del año de turno, en el lugar correspondiente, Manel (un ideólogo) y Guillermo (un brazo ejecutor), debidamente trajeados con bañadores pirata rojos y gualdas, reciben de manos de quien corresponda la tira enrolladita que se otorga en tan insigne momento. El respetable interrumpe con un aplauso atronador. Los premiados ante tanto halago deciden darse la vuelta, quitarse el sombrero, bajarse los bañadores y mostrar sus calvas al respetable, que responde con vítores y demás pedorretas.
Al día siguiente, miércoles, la portada de El Jueves se inspira en el momento que se vivió a continuación (recuerde que estamos soñando): el juancar, el felipe y sus mujeres, demás prole real y jetas adjuntos (por abreviar), una tira enrolladita, Manel y Guillermo, sus calvos y el respetable aclamando “¡Queremos ver, un calvo Real. Queremos ver, un calvo Real!”.
¿Genial?
Lástima que al despertar continúe la pesadilla: de un país monárquico por imperativo de una manada de políticos de izquierdas que para asegurarse la poltrona besaron la mano real, renunciando a uno de sus principios básicos, La República, amén de a la auténtica democracia; de un estado entre cuyos tres poderes los poderosos han tejido tal cantidad de puentes que si cada uno fuera una isla no podría verse una gota de océano entre ellas desde el espacio. Gotas de océano sinónimo de libertad social ahí abajo y sin luz, mientras asidas al hormigón de esos puentes se instalan enormes hélices marinas para encauzar debidamente la corriente oceánica, desnaturalizando el fondo y creando nuevas islas subterráneas contra viento y mareas. Como el islote subterráneo y antinatura que significa hoy la monarquía.
Luchando entre el hedor de esas corrientes conocí El Jueves.
No me queda sino pedir tres hurras por quienes tienen la culpa satírica de sus contenidos, inspirados sin duda en una vida… tan Real!.

