viernes, 5 de septiembre de 2008

se lo merecían

Cuando la tengo entre manos gusto de disfrutarla, poder recrear la vista, al relax de maritxu, tirado en el sofá. Casi oler sus olores. Y me encanta, porque siempre-siempre me mantiene la sonrisa dibujada en el rostro e incluso me provoca con sus mejores gracias alguna risotada. Y aunque pueda parecer un ideal de mujer se llama El Jueves.

Inspiradora constante en asuntos concernientes a la real familia o políticos, y víctima de la represión propia de un Estado de Derecho. Ahí está el secuestro legal que sufrió hace algo más de un año por una portada que encandiló a media España, y parte del extranjero.

Seguro como estoy de que los culpables de semejante tropelía descienden, línea genética pura, de aquellos primeros trogloditas que hacían arte en las paredes de sus cavernas, no cabe otra explicación a poseer tan en forma el gen del ingenio, propongo sean nominados para el próximo Cervantes atendiendo también, y cómo no, a la cantidad de usos y manejos que hacen del castellano los protagonistas de sus historietas, la calidad de sus expresiones y la buena grafía que acostumbran, lección básica de caligrafía (¿cuántos de los nominados podrían presumir de una obra hecha a mano y con mejor letra?).

Puestos a inventar y aunque mis ídolos de hoy no puedan presumir de hacerlo tan bien como los políticos, o a soñar, término que los anteriores desconocen, se hace justicia y les es otorgado tan insigne gallardón. Perdón, galardón. El día del mes del año de turno, en el lugar correspondiente, Manel (un ideólogo) y Guillermo (un brazo ejecutor), debidamente trajeados con bañadores pirata rojos y gualdas, reciben de manos de quien corresponda la tira enrolladita que se otorga en tan insigne momento. El respetable interrumpe con un aplauso atronador. Los premiados ante tanto halago deciden darse la vuelta, quitarse el sombrero, bajarse los bañadores y mostrar sus calvas al respetable, que responde con vítores y demás pedorretas.

Al día siguiente, miércoles, la portada de El Jueves se inspira en el momento que se vivió a continuación (recuerde que estamos soñando): el juancar, el felipe y sus mujeres, demás prole real y jetas adjuntos (por abreviar), una tira enrolladita, Manel y Guillermo, sus calvos y el respetable aclamando “¡Queremos ver, un calvo Real. Queremos ver, un calvo Real!”.

¿Genial?

Lástima que al despertar continúe la pesadilla: de un país monárquico por imperativo de una manada de políticos de izquierdas que para asegurarse la poltrona besaron la mano real, renunciando a uno de sus principios básicos, La República, amén de a la auténtica democracia; de un estado entre cuyos tres poderes los poderosos han tejido tal cantidad de puentes que si cada uno fuera una isla no podría verse una gota de océano entre ellas desde el espacio. Gotas de océano sinónimo de libertad social ahí abajo y sin luz, mientras asidas al hormigón de esos puentes se instalan enormes hélices marinas para encauzar debidamente la corriente oceánica, desnaturalizando el fondo y creando nuevas islas subterráneas contra viento y mareas. Como el islote subterráneo y antinatura que significa hoy la monarquía.

Luchando entre el hedor de esas corrientes conocí El Jueves.

No me queda sino pedir tres hurras por quienes tienen la culpa satírica de sus contenidos, inspirados sin duda en una vida… tan Real!.

martes, 2 de septiembre de 2008

sobre el imperio de la ley

German Yanke, editor de EstrellaDigital, con su título de ayer “Nacionalismos e imperio de la ley”, nos ilustra sobre las ridículas pataletas nacionalistas vasco-catalanas y reparte contra el PSC e Ibarretxe, por supuesto. Como corolario La Ley, mientras entona el “no pasareis” y refiere a ciertos totalitarismos pasados; paradójico.

Estoy tan inspirado por sus cavilaciones que no puedo sino objetar, provocado y en mayúsculas: La Ley es una mierda, por mortal y cambiante. Y me da igual qué ley sea la que él refiera, que entiendo que es siempre la máxima, la que de ser ideal debiera contar con la aprobación mayoritaria del sujeto político que la sufre (lo que no siempre sucede ni en democracia). Me ha gustado sobremanera el argumento democrático del “ante la ley no hay queja ni pataleta”.

Sobre el acatamiento de las leyes, por el que tanto suspira el editor, mucho podría decirse, aunque intuyo que lo que a German le gustaría es que la acataran vascos y catalanes, convencido como está de que no lo hacen, y punto. Mientras, cabe objetar de una asignatura como educación para la ciudadanía colocándose por encina de, también, la ley. Seguro que el lector conoce de ejemplos similares según la norma la crearan unos y haya de aplicarse donde gobiernan los otros. El argumento pues de que los nacionalismos, siempre periféricos, tienen que acatar la ley se prostituye cuando proviene de unos entes políticos que no son capaces de predicar con el ejemplo: ahí está lo que queda del Estatuto de Gernika, ridiculizado e ignorado como jamás pensé que se haría con ninguna ley española, si exceptuamos la ley antitabaco.

Resulta más falaz el argumento si uno se toma la molestia de buscar, ante tanta evidencia, un momento o lugar en que La Ley española haya sido prostituida en el País Vasco. ¿Cuántas sentencias ha recibido el Gobierno Vasco por incumplimientos de la santa y sacra Constitución? Hasta hoy ninguna. Aclaro por si alguno no se había dado cuenta, no siendo de extrañar que ante tanto amarillismo parte de la ciudadanía tome falacias como verdades. Así llevamos, ni se sabe los años, escuchando que en Euskadi no se cumple la ley. Y los tanques aún sin salir de los cuarteles.

No voy a negar la evidencia de ciertas normas recurridas por unos u otros gobiernos autonómicos en los que los tribunales, hasta europeos, han ido dando la razón indistintamente a unos un otros, como tampoco negaré la evidencia, me guste o no, de la labor del Tribunal Constitucional en cuanto a garante del discurrir autonómico. Pero es que llegar hasta el Tribunal Constitucional es legal. Y democrático. En el caso de la tan denostada ley de consulta vasca, se mire por donde se mire, aún no se ha cometido delito. Si se prohíbe y se celebra cabría hablar entonces de un primer supuesto, mientras para algunos es el “enésimo ejemplo” de la actitud ilegítima de Ibarretxe. En fin.

Recordar la presunción de inocencia, tampoco está de más, hasta para una ley.

Esta distinta vara de medir, según se critique una legítima ansia más o menos españolita, es más evidente si recuperamos el tan recurrido argumento de la alternancia, tan necesaria en Euskadi y Catalunya para librar a los ciudadanos españoles, y catalanes y vascos, del legislar con alma nacionalista de dichos Gobiernos Autonómicos. No debiera ser necesario recordar que esos gobiernos son tan legítimos como el que legisla desde Los Jerónimos, pero hay que hacerlo por desgracia ante la deriva que toman los gestores de este periodismo ideológico, parece que constructor de la verdad democrática. Recuerdo, por ejemplo, que en el Gobierno Vasco ha habido consejeros del PNV, sí, pero de EA, de IU y del PSOE también, amén de EE (absorbidos por el PSE en su día), como que jamás un único partido ha gobernado el País Vasco en solitario. En Castilla La Mancha, o Extremadura, por ejemplo, desde casi los tiempos del Caudillo, sólo ha habido consejeros socialistas. Extraña que a D. Rodríguez Ibarra, defensor a ultranza de aquellos delincuentes del Gal que el Tribunal Supremo enchironó previos generosos y malolientes indultos gubernamentales sellados por un Borbón, nadie le recordara con la misma insistencia lo ideal de la alternancia política en los gobiernos. O a Bono. O en Murcia, o en Castilla León. O en Andalucía. Y es que la democracia no implica por propia definición alternancia, si acaso ésta puede ser una consecuencia si así lo estiman los ciudadanos votantes, aburridos del legislador de turno. Sin alternancia pues, también hay democracia.

Visto que mis palabras, quisieran ser debidamente argumentadas, viajan viento en popa toda vela, no puedo sino entrecomillar un extraído directo del texto al que refiero: “Lo que ocurre es que ese argumento es la ley, y el imperio de la ley es, en definitiva, lo que sostiene la seguridad jurídica y el Estado de Derecho que da carta de naturaleza a nuestros derechos y libertades” Y tiene razón: la ley sirve para eso. Pero se equivoca gravemente, sino engaña, presentando a ciertos vascos y catalanes como enemigos de la ley, cual trogloditas. Creía que un editor de tanto renombre sabría distinguir entre un anarquista independentista y un demócrata; señor Yanke, los nacionalistas vascos y catalanes no reniegan del imperio de la ley, simplemente abogan por cambiarla. No buscan Estados independientes cual repúblicas bananeras, sino nuevas estrellas legales en la bandera de la UE. Cualquier otra sugerencia es falaz. Guste o no. Devenir político que recuerda la lucha de un pequeño David sin onda, contra un Goliat tramposo y poderoso, por cierto.

Es triste escuchar argumentos tan insípidos en boca de quienes se creen no sólo demócratas, sino garantes de la democracia desde su cuarto poder, sin entender si quiera que en su esencia ésta permite despreciar la ley, si se acata, criticarla e incluso intentar cambiarla. ¡Es que es legal hasta prometer acatarla por propio imperativo legal!... como han hecho ya casi un centenar de diputados en los últimos 30 años. El Señor Ibarretxe, hasta ahora y que se sepa, no ha cometido ningún delito, ni ha declarado la Independencia unilateral del todo o parte del territorio vasco. Lo que intenta hacer, en cambio y en democracia, es luchar por su estrella con lo poco que le queda: la palabra y el parlamento vasco. Con la sociedad, está visto, no le quieren dejar… ¿en democracia?. Ese es su delito.

Este amarillismo ideológico y editorial con el tema de ciertos nacionalismos, que permite mentir hasta la saciedad y negar la evidencia las veces que fuera necesario, ha conseguido que para muchos ciudadanos Ibarretxe sea visto antes como un delincuente separatista y enemigo que como un mal político, si quiera. Que puede serlo. Mientras tanto los jueces aún no han dicho ni mu.

Para relajar el final, y porque se lo merece tan insigne editor, he aquí un claro ejemplo, publicado el mismo día, del periodismo que se estila por sus lides digitales:

“-No sé si votar a la derecha, que se equivoca entregando los restos de las víctimas del Yakolev a quienes no son sus familiares, o a la izquierda, que se confunde y entrega las cenizas de los muertos del Spanair a familias distintas de los fallecidos.”

Es el texto con el que “ilustra” martinmorales su última viñeta (¿humorística?) y que titula “Todos nos confunden” comparando el engaño, la estafa y la ruindad para con las familias del Yakolev, con un descuido entre dos ataúdes de un funcionario funerario. Eso es amarillismo político, también, amén de humanamente intolerable con la tragedia aún tan cercana. O es eso, o la obra de un gilipollas. Ya se sabe como las gastan hoy en día los departamentos de personal de ciertos medios.

sábado, 23 de agosto de 2008

vuelve, jesucristo

Si no fuera por la realidad, supondría que tras siglos de evolución de las conciencias ciertos dogmas y otras tantas inmoralidades debieran ya de haberse extinguido de la mente humana. Obraré con fe, de la buena, y pensaré (en cuestiones de cierta fe, ya se sabe que el pensamiento sí delinque) que ello no es una utopía y que cada vez más personas estamos a favor de caminar hacia la igualdad social de todos nuestros semejantes. De todos sin exclusión.

No quiero abrazar con mis palabras cierta demagogia; no sugiero que en el desarrollo normal de nuestras actividades humanas debamos tener, como Damocles, una espada sobre la conciencia. No deben llegar al extremo de la lógica argumentos como el que convierte en inhumano el simple hecho de asesinar una cucaracha, con dolo o sin él. Aún.

Estamos donde estamos y asimilamos las consecuencias de la eterna evolución de la concienciación social sin apenas inmutarnos. Igual lo bueno, que lo malo; todo proceso de cambio social, a mejor, acarrea sus desajustes, hablando en fino. Otros resultan sencillamente fatales para la inmensa mayoría.

Una de estas anomalías, a mi juicio: el mal uso que se da al concepto de libertad. Hasta el punto de que se puede ser cristiano y defender cierto liberalismo económico y el libre comercio, por ejemplo. Dudo mucho de que Aquél que expulsó a los fariseos del templo aplaudiera esos conceptos, menos aún si, como hoy por hoy resulta evidente, con ello se condena a la miseria a infinitos semejantes. Medidas las consecuencias de nuestros actos, el sentido común sugiere que algunos debieran ser constitutivos de…, de pecado.

Porque los que en principio pudieran tratarse de sanos conceptos se han convertido en una justificación de facto de políticas que permiten, bajo la escusa de la libertad individual y el derecho a la propiedad privada sin límites, el hambre, la pobreza, la desatención, a más de guerras y conflictos en los que los seres humanos vulgares, los que pisan la tierra, dejan su sangre cada día.

Los Gobiernos, perdón, los gobernantes occidentales, se supone, sirven al pueblo llano del que forman parte. Así legislan en sus democracias pseudo-demócratas en función, entre otros factores, da las demandas sociales, escribiendo sin saber en las páginas de la historia la evolución de la concienciación humana y todos sabemos lo que dictará nuestra historia.

El problema, para quien lo quiera ver que esa es otra (de ahí las inmoralidades que siguen vigentes), tal vez resida en los conceptos. La evolución no es revolución y estas últimas son de otra época; bastante se ocupan los actuales gobernantes en mantener a toda consta las actuales (de hoy y de hace un siglo) estructuras políticas. Bastaría preguntar a todos los habitantes del planeta al respecto de su idoneidad para saber si son justas, para saber si la evolución hacia el libertinaje llamado libertad es justo, para saber hacia qué sistemas debieran de guiarse las diversas legislaciones. Como dije que no quería ser un demagogo, confesaré que sería bastante con que se nos preguntara a los habitantes de “occidente”.

Pero he aquí que en este nuestro primer mundo surge una tremenda paradoja: la mayor parte de la sociedad estaría dispuesta a derrocar, con nombre y apellidos, a los poseedores de las mayores fortunas del planeta, aquéllas que acaparan un porcentaje de riquezas desorbitados, mientras permite que los gobernantes, excusa ideológica de la libertad en mano, no hagan nada porque cese la voracidad económica de esos pocos, reitero, con nombre y apellidos.

¿Quién o qué puede liberal a millones de hambrientos de semejantes golosos, amantes de la gula privada?

Entiendo que las siempre evolutivas conciencias pueden comunicarse entre sí hoy más que nunca (y siempre menos que mañana) y sé también que los seres humanos necesitamos de un líder para ponernos en marcha. No sé si el líder que pudiera obrar el milagro de acabar con la pobreza real surgirá en el siglo XXI, o si éste será una máquina de inteligencia artificial huyendo hacia la lógica tras procesar debidamente el resultado de las políticas occidentales, lo que intuyo es que el mundo necesita, cada vez más, de un nuevo Jesucristo que por una vez no pudiera ser manipulado.

viernes, 15 de agosto de 2008

¿realidad?

Tengo ante mi un folio blanco, propiedad del jubilado americano Guillermo Puertas, en el que retratar mi realidad; aquella que por muy sana y justa que sugiera, no deja de ser una versión sesgada a propósito (no dejaré jamás que otros piensen por mí). No dude nunca usted que cuanto prosigue puede perfectamente no ser parte de su verdad. Pero…

¿es por ello una mentira?

Recordaba recientemente Adnama en su fantástico “Como no sabía que era imposible lo hicieron” nuestra fantástica dualidad: el yin y el yang. Yendo más allá: no basta con aplicarnos el cuento, como personas, esa dualidad puede aplicarse perfectamente a la realidad física de cada día. Así una misma realidad pueden ser dos verdades completamente distintas según el yin o el yang con que se contemplen y de quien lo contemple.

Argumento que de por sí resulta suficiente para aprender a perdonar.

Y que dicta también la existencia de más de una verdad de lo mismo. Verdades que algunos ya han alcanzado, ahora falta saber como llegamos a ellas, a conclusiones, el resto. Ora a través de la simple contemplación y análisis subjetivos de la objetiva realidad, ora de la mano del ser superior que nos muestra el camino: un político, un tertuliano, un padre, etc.

Y no nos damos cuenta que dando pasos, esos pasos, perfilamos el dibujo del quien parecemos; también somos quien parecemos ser.

Después está la inteligencia, de cada cual. Pero eso es otra cosa.

Así pues concluyo que es legítimo pensar distinto y que si cree lo contrario también tiene razón.

Lo que no es legítimo es mentir y seguir mintiendo, como hace la clase política día sí, día también. ¿No es eso lo que parece, en general percepción? ¿No creen que en la realidad política uno es el yin y el contrario siempre el yang (cuando son lo mismo)? Otros, cantos de moneda o de sirena.

viernes, 8 de agosto de 2008

es ocho del ocho del ocho y todo es igual

Han comenzado los Juegos Olímpicos de Pekín. Hoy es ocho del ocho del ocho y como bien se ha repetido se eligió el día por ser el ocho el número de la suerte para los chinos, antiguamente conocidos como chinitos, imagino que por eso del tamaño. Pero hoy ya no: China es una superpotencia, la más poblada de largo, que ha de consumir mucho más cada día que pasa (petróleo, por ejemplo). China, en definitiva es ya desde hace algún tiempo, y sobre todas las cosas, un negocio. Un enorme negocio.

Sólo así se entiende tanto agasajo y… tanto silencio.

Cierto es que vivimos acostumbrados a que el tal Juan Carlos y su esposa Sofía (multimillonarios) reciban y/o sean recibidos a/por los mandatarios de los Gobiernos más crueles y déspotas con sus ciudadanos, como los Jeques Saudís, por ejemplo. Es tal ya la costumbre que, más allá de mirar y buscar el auténtico significado de dichos encuentros (para y por dinero, normalmente privado), callamos y otorgamos. No digo ya los monárquicos que permitieron casar la sangre azul de un príncipe con la roja de una roja divorciada. Me encanta esto de que las monarquías se adapten a los tiempos: a ver cuando desaparecen.

En cualquier caso, el mundo, por desgracia, funciona así. Y así llegamos a China. A la China comunista cada vez más consumista. Me hubiera gustado saber qué hubiera sido de estos juegos de haberse celebrado hace dos décadas o tres. En este caso las correspondientes autoridades olímpicas (autorizados para vivir bien, debe ser) supieron elegir el momento adecuado y decidieron cuando vieron que era posible tomar esa decisión, o cuando no les quedaba otra, apostar por Pekín 2008.

No piense usted, y más si es conciudadano olímpico, que tengo algo en contra del Gobierno chino; bueno sí, lo tengo, pero no más de lo que proporcionalmente pueda tener en contra del Gobierno español, francés o ruso. Apuntaré, puestos a hablar de miedos, y como ya sostuve hace tiempo, que, recurriendo al empirismo, quienes me acojonan de verdad son los estadounidenses, su manía imperialista y su negocio perpetuo de exportar la violencia en forma de guerras. Ellos si que asesinan en primera persona, algo que no han dejado de hacer desde que al menos uno recuerde.

Se preguntará usted entonces hacía donde voy. O conociéndome, si me conoce, cuál es hoy la denuncia. La concreta denuncia. Está bien: hoy quiero denunciar la hipocresía. La que “rodea” a estos juegos y con ellos a medio mundo y que se practica, en su grado máximo, en montañas no muy lejanas, no en las montañas chinas.

Juegos olímpicos y política, política y juegos olímpicos: primos hermanos desde el mismo momento en que se convocan los concursos para las sedes futuras. Después no digamos. Sería fácil hablar de Munich, de México y el “Black Power” (con dos cojones, añadiré si se me permite), los boicots a Los Angeles y Moscú (y viceversa), o a Hitler presidiendo las ceremonias olímpicas mientras sus aviones practicaban el como asesinar más y mejor a inocentes, desde los aires españoles y no tan españoles.

Tan fácil como es leer los diversos titulares de los medios (generadores) de opinión privados: “Pekín abre los juegos más politizados” titula ahora mismo un importante diario en internet.

Algunos medios que se atreven a criticar al Gobierno, español, por su condescendencia y falta de denuncia: los mismos que alababan al que servía a Bush. Así no es de extrañar que también en estos juegos la prensa muestre, otra vez más, su increíble (si no fuera porque es cierta) hipocresía. Pero eso es algo normal, es algo a lo que estamos debidamente acostumbrados: la hipocresía del “y tú más”. No me detendré si acaso un segundo en analizar dicho hipócrita fenómeno, contento como quedo de haber repetido el vocablo tres veces en otras tantas líneas. Ya sabrá usted por qué.

A modo de corolario, que es a lo que iba, me detengo en un nuevo concepto: la hipocresía proporcional; es decir: cuanto más grande es el sujeto político más fácil es la denuncia contra él pues sus barbaridades, desmanes e imposiciones lo son ante mayor número de ciudadanos. ¿Acaso en occidente (mirando desde la “República Popular”) no existen ciudadanos oprimidos por motivos ideológicos? ¿Acaso se respetan democráticamente las minorías, o ciertas mayorías? Legislar ad hoc (y en contra) de las justas y pacíficas demandas de ciertos sectores sociales es también proporcionalmente más sencillo. Y políticamente más que proporcionalmente rentable.

Antes de finalizar quiero reconocer que, imagino, ejerceré de buen espectador; valoraré y aplaudiré el esfuerzo y sudor de cada participante; tendré más simpatías por unos que por otros aunque intente evitarlo (soy humano); respetaré la manipulación sociológica del deporte como distracción porque a fin de cuentas es bello ver a la gente sonreír y sentirse feliz por resultados ajenos aunque geográficamente cercanos, por más que ello no aporte sino gasto de unos y más beneficio de otros. Pero lo que más deseo contemplar es el milagro de ver algún deportista chino, al estilo Black Power, apoyando a los suyos. Más aún tras conocer que los deportistas españoles no podrán siquiera con simbólicos gestos, denunciar aquello que parece tan evidente. Y es que está visto que si ejercer la libertad de expresión de la que algunos tanto presumen cuesta dinero, se impone el silencio, y punto.

Son, proporcionalmente, un número insignificante de insignes ciudadanos.